miércoles, 20 de mayo de 2015

El Tratado de Alcaçovas

Llegado un mensajero a mi corte, enviado por mi tía Doña Beatriz de Braganza, se suscita en el envío la paz con el reino de Portugal. Debíamos nosotros negarnos a tomar el título de Reyes de dicha corona; la muchacha habría de apartarse bien profesando la religión o casándose con Don Juan, nuestro hijo. Se concedería el perdón para los nuestros y se concierta el matrimonio del heredero portugués con nuestra hija, la Infanta Doña Isabel. A 22 de marzo de 1479.

No hubo, sin embargo, ningún acuerdo inmediato hasta la reunión acaecida en la localidad de Alcaçovas en Portugal. Allí, se han firmado cuatro tratados que benefician en gran medida a nuestro Reino. Tienen grandes reminiscencias de las primeras reuniones con Doña Beatriz de Braganza, pero se proporciona una mayor exactitud y concreción en lo expuesto además de una repartición de la propiedad de lo que rodea el Atlántico. Castilla se nombra así, dueña de todas las islas Canarias y de una franja de la costa africana, pero debemos detener el comercio marítimo en la zona de Guinea, que pertenecerá desde ahora, al reino portugués.

La muchacha, por fin, deja el camino libre, pues se le ha dado la opción de ingresar en una hermandad religiosa, pero si ésta, decidiera abandonar durante el primer año de noviciado, habría de contraer matrimonio con nuestro hijo el Infante don Juan, situándose ambos bajo la custodia de Doña Beatriz de Braganza. Entregaría en este momento, la muchacha todos sus derechos al trono. Portugal, por su parte, nos proporcionará una gran dote por nuestra hija Doña Isabel al contraer matrimonio con Don Alfonso, más de mil doblas, que equivalen a la cantidad de capital de las arcas del estado que se habían utilizado para costear la guerra civil. Por último, se requiere el perdón de todos los castellanos implicados en el apoyo del rey portugués, devolviéndoles sus bienes y liberando a sus prisioneros.

Es pues una paz que promueve grandes pasos para los Reinos de Castilla y Aragón, pues una vez apaciguado este conflicto, podremos yo y mi marido, dedicarnos a otros menesteres como la Conquista de la Ciudad de Granada. A 4 de septiembre de 1479.

Isabel.




1 comentario:

  1. Da gusto la claridad y la síntesis , no se si es así o está extractado pero se entiende perfectamente. Quiero más.

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