domingo, 17 de mayo de 2015

La política de la retaguardia

Con mi proclamación, las aguas no se apaciguaron. De un tiempo a esta parte, Alfonso V había maquinado el plan de contraer matrimonio con la muchacha, cosa que llevó a cabo, siendo así un marido luchando por la “legítima” corona de su esposa. Estamos en guerra. Nunca nos dimos por vencidos, pero en un primer momento, quise evadir las batallas sangrientas, mediantes misivas, escritas por el Cardenal Mendoza, enviadas a la corte portuguesa. Conocía el carácter pacífico de Alfonso V, un rey como él no podía querer emprender una guerra tan sangrienta. Nunca tuve respuesta.

Mi marido estaba en batalla, en posiciones estratégicas, y yo, moviome para reasegurar a los míos, y lograr adherir ciudades a nuestra empresa, antes partidarias del movimiento portugués. De muchas batallas que se libraron, la batalla en la ciudad de Toro fue la más importante para nuestro reinado. Allí, con nuestra victoria, se selló el destino de la muchacha. A 2 de marzo de 1476.

Quise entonces que mis soldados volvieran junto a sus familias, pero Fernando precisó de sus servicios para la batalla contra Francia. Sin embargo, tuve la intención de  conmemorar la victoria de Toro mandando construir el templo de San Juan de Los Reyes, en Toledo. A partir de entonces, la contienda se trasladaría al océano Atlántico, donde luchábamos por el acceso a las riquezas de Guinea. 

Isabel.

2 comentarios:

  1. Muy interesante y conciso. Las guerras no solo se ganan en las batallas, muy importante la labor de Isabel para conseguir la victoria.

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  2. Isabel fue una de las mujeres más adelantadas de su tiempo y no ha sido valorada en su papel, quizás debido a su exaltación por otros regímenes pasados, por lo que ya es hora de reconocerla junto con su marido Fernando en su papel más militar que político.

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