martes, 19 de mayo de 2015

Más allá de la Península. Rivalidades con Castilla en el Atlántico.


En mi reinado, decidí recuperar las expediciones  por el Atlántico, como bien había hecho mi tío abuelo, el famoso y conocido Enrique el Navegante. Pasé a dirigir la expansión por el Atlántico.
 
En agosto de 1475, tras haber estallado la guerra de sucesión en Castilla contra el bando que considero el mío propio, el “beltranejo”, la señora Isabel de Castilla decide reclamar que las partes de África y Guinea pertenecían a Castilla por derecho, incitando a sus comerciantes y mercaderes a navegar por aquellas sin una autorización propia de mi reino. Si por entonces estábamos enfrentados en territorios castellanos, también nos enfrentábamos más allá de nuestras tierras patrias para hacerlo en la mar.
 
 
Entre estas exploraciones, sufragué una a la que debo un gran triunfo para mi reino, al igual que rechacé otras, como la de un tal Cristóbal Colón que pretendía llegar a las Indias Orientales tomando un rumbo occidental. ¡Háyase escuchado disparate semejante! Alabado sea Bartolomé Días, el primero de los hombres de la Tierra que había logrado doblar el extremo sur de África, al que yo mismo di el nombre de Cabo de Buena Esperanza. ¡Qué gran empresa para nuestro Portugal! Evidente que como nuestras carabelas no hubo navegaciones iguales.


Al tiempo, me llegó una noticia aplastante, que reconozco, abatió mis ánimos aunque yo había de mostrarme imperturbable. ¡Aquel Cristóbal Colón había llegado a las Indias Orientales con el apoyo económico de mis amigos castellanos, Isabel y mi rival Fernando en Toro! 
 
                                     
                                                                                                     Juan II de Portugal
 

                 
Mapa que muestra el recorrido del viaje de Bartolomé Días
Bartolomé Días (1450-1500)
                                                                          
 

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